
Pretenciosa es “Lynch” y en esto de la ficción, cuando te crees más de lo que eres, aumentas considerablemente las posibilidades de fracasar. Tomándose demasiado en serio a ratos y atrapada por su premisa inicial, dedica tanto tiempo a darle sentido a una historia que no lo tendrá, que comenzamos a sospechar de los trucos mucho antes de verlos venir. Eso no sería un problema si al menos se estableciera cierta complicidad con el televidente, en lugar de darle rienda suelta a los giros inesperados, que, parafraseando al Doctor Doofenshmirtz de “Phineas y Ferb”, de tan inesperados son completamente esperados.