Muchas veces la prueba de fuego de un gran actor de televisión llega tras un éxito demasiado rotundo. A diferencia del cine, en que por el formato mismo, pueden pasearse de personaje en personaje varias veces al año, en la televisión un buen trabajo puede significar una marca de por vida, extendida en la reiteración por largas temporadas. Muy bien lo sabe Kelsey Grammer, que se llevó sus buenos 20 años (9 en Cheers, 11 en Frasier) atado al personaje de Frasier Crane.

 

No le fue fácil a la voz americana de Bob Patiño quitarse la marca de encima. Ha pasado ya más de un lustro desde que Frasier dejara de emitirse y recién ahora Grammer consiguió superarse a sí mismo, llevándose de paso el reconocimiento general y el Globo de Oro por su trabajo en “Boss”.

 

“Boss” es uno de esos dramas sublimes y poco frecuentes en los que el tema del poder y de los poderosos es retratado es su brutal desnudez. Realista en muchos sentidos, mafiosamente épica en otros. Mucho del Príncipe de Maquiavelo anda dándole vueltas al carácter de Tom Kane, ese alcalde de Chicago que comparte nombre y muchas de las malas costumbres del venerado Ciudadano de Orson Welles.

 

Dice el mismo Maquiavelo que “el príncipe no debe preocuparse de incurrir en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el estado”. Pues Kane los tiene todos, regalando el talento de Grammer uno de esos personajes de moral indefinible y cuya pasión por el poder le ha encausado la vida hacia una especie de simulacro insustancial pero presente. Nadie podría tacharlo de político inepto.

 

El punto de rompimiento a ese equilibrado e incuestionable status quo es una noticia que nadie puede saber, pues como enseña el mismo Maquiavelo en el truco del poder las apariencias lo son todo. El Boss se está volviendo loco, amenazado por una enfermedad degenerativa incurable con diagnóstico mortal.

 

El poder en acto puro. Rodeado de una galería de secundarios notables y de la intriga política propia del “Juego de Tronos”, Tom Kane es un ganador que lo ha perdido todo, pero que no lo sabe.

 

Amenazado por el avance inexorable de la corrupción neurológica, nuestro alcalde se obliga a la única respuesta que conoce... seguir simulando, seguir siendo esa representación implacable que le ha consumido la vida hasta dejarla vacía... y entonces comienza la tragedia (para morboso gusto de los televidentes, que somos nosotros).

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Alceste dijo:
Mar, 17/04/2012 - 3:05am

Wow jajaja Con alusiones al Ciudadano Kane y Maquiavello esto no puede ir mal...

Proteles, ¿Haz visto Awake?

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oblivionz dijo:
Mié, 18/04/2012 - 12:22am

Todavía no le logro tener fe a la serie.

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