Manuel Bauer es de todos. No es un personaje de VIVE, ni de VTR ni siquiera de quien está detrás de la firma. Pero llego la hora no de despedirlo sino de reinventarlo, puede que cambie el nombre, pero las historias van a seguir, son parte de todos nosotros. El hijo, la ex, las ex, la profesión, la vida alrededor de un control remoto; con sutiles diferencias pero se ajustaba bastante a la realidad. De hecho el nombre de Manuel Bauer surgió de mi fanatismo por Jack Bauer y por el segundo nombre de mi abuelo. Los secundarios tenían algo de mis cercanos, las chicas tenían un poco de mis propias novias y esposa, el amigo parecido a Homero Simpson es real y trabaja en El Mercurio, el síndrome House me pasó con un practicante de la revista VIVE! y así un largo etcétera.

La última columna (1º Parte)

Publicado hace 10 meses por Manuel Bauer

 

Todo viaje tiene un final... así es la historia.

El día después

Publicado hace 12 meses por Manuel Bauer

–Aló Manuel.
            –Hola… ¿A qué hora te fuiste?
            –Temprano, no quise despertarte. ¿Cómo estas?
            –Bien, ¿tu?
            –No sé, puedes tomarte un café.
            –Obvio que puedo.
            –No leso, juntarte a tomar un café conmigo.
            –¿Cuándo?
            –Ahora.
            –Dónde.

Llegué a Santiago el viernes pasado, tras un retiro obligado desde el 20 de diciembre, desconectado y descerebrado. En serio, fue un caso de vida o muerte. Pasé casi un mes entre vacas, perros y gatos en la parcela de mi prima Loreto en Panguipulli, el lugar más tranquilo del mundo para apreciar las pequeñas cosas de la vida. ¿Qué pasó? (continúa)

 

 

Cuenta Conmigo

Publicado hace 1 año por Manuel Bauer

El dormitorio de mi primo era una fotocopia del pasado, aunque ahora el blanco estaba más gris y la humedad sureña ya descascaraba las paredes. La última mano de pintura se la habían dado hacía veinte años, si no más. El póster de La guerra de las galaxias, que él mismo había dibujado con plumones de tinta, continuaba colgado encima de la cabecera, pegado a pulso sobre un bastidor de madera. Acerqué mis manos al garabato de colores, los años habían terminado uniendo el rojo con el azul, diluyendo todo en un gris debilucho, casi transparente.