Ayer llovía sobre Santiago, y hoy sale el sol. Literal y figuradamente. Tras la humillación, la denigración, la degradación sufrida el domingo por los brasileños en nuestra propia cancha, ayer le torcimos la mano al destino y volvimos a levantarnos. Otra vez reclamamos como propia, por ley y derecho, el césped de Ñuñoa y demostramos que, cuando se mezclan el talento, la técnica y (sobre todo) la pasión, no hay quién nos detenga.
Jara, Suazo y Fernández nos recordaron lo que significa ponerse la camiseta roja, perseguir una ilusión, luchar por poner el nombre de Chile en la historia de Sudáfrica 2010. ¿Humillante derrota para los colombianos? Puede ser. pero, ¿no nos merecíamos algo así, después de lo de Brasil, después de una triste tradición de estar entre los perdedores de Sudamérica?
Por eso anoche celebré y hoy me levanté mirando el sol, más orgulloso, en este Mes de la Patria, de ser chileno.