La primera sorpresa con la que se encuentra quién no ha visto en vivo a Julio Iglesias es que canta bastante más de lo que su registro insinúa en los hoy mp3 (antes cedés, más atrás cassettes, etc). El español nunca tuvo un caudal importante de voz ni un registro destacable. Sin embargo, su manejo vocal es casi completo. El oficio y los años lo han transformado en intérprete más que correcto acompañado de una batería de canciones que coquetean con varios clásicos de la historia.

 

Así abrió la velada con “Quijote”, una de las más esperadas, pero al mismo tiempo de las más débiles de la noche. Y es que suele suceder que durante las primeras dos canciones de un concierto el sonidista realiza los últimos ajustes de audio y eso no beneficia a las primeras interpretaciones. (La prueba de sonido es sin público por lo que la acústica definitivamente cambia a la hora del show).

 

Pero el montaje se las arregla para salir victorioso. En dos pantallas laterales se ve la figura de Iglesias como si no hubieran pasado los años. En las imágenes, que salen del escenario, se nota la figura borrosa, y como en el showbusiness nada es al azar, no hay planos cercanos a su rostro ni imágenes en HD lo más seguro para evitar el paso del tiempo en los ojos de su fanaticada.

 

El madrileño interpreta “Natalie” y la “Gota Fría” para más avanzada la noche conmover a los más melómanos con una versión de “My Sweet lord”, la misma que lleva la autoría de George Harrison y por la que el ex beatle perdió un juicio de plagio. Y vendrán  sentidas versiones de “Me olvidé de vivir”, “Hey”, “De niña a mujer” y “Me va me va”.  Los susurros faránduleros se detienen un rato y el público se dedica a escuchar en silencio.  

 

Esos espacios son aprovechados con inteligencia. Y como dice la canción Iglesias es un truhán y es un señor. Se jacta de lo primero al besar apasionadamente a las coristas y bailarinas que cruzan su camino, y lo segundo lo pregona con emoción al hablar de sus hijos y de su mujer como si sólo eso le importara. Luego anuncia que no sabe si algún día volverá. Maestro.

 

Iglesias en escena es un espectáculo que ofrece versos de gratitud a Chile a través de una nueva canción, y de un show que pasa la prueba de la blancura con su bronceado característico y algunas nuevas arrugas. Interpreta, con la sabiduría que le da el oficio y aunque su vocalización no se acerca a la de los grandes cantantes de su época, conmueve al representar con la suficiente dignidad una parte importante de la historia de la balada. 

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castillo claudia dijo:
Mar, 17/04/2012 - 6:27pm

lo que importa es que sigue cantando por más chamuyero que sea. es un gran baladista y también compone, cosa que no se da mucho en estos dias.... grande julio!! POR SIEMPRE!!

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rodrigo astudillo dijo:
Jue, 19/04/2012 - 11:39am

Excelente el concierto, que bueno que todavía escriban de y para nosotros los viejos

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justin dijo:
Sáb, 21/04/2012 - 11:25am

igual va siento hora que le den con un pooooopppp

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