No sólo había que ser artistas, sino que también parecerlo. Dejar cuentas sin pagar en restaurantes, no hablar con la prensa y jugar con especulación sexual, eran sólo algunas de las indicaciones que en los setenta Mainman, la empresa de manejo artístico que formó y lideraba Tony Defries, tenía para sus pupilos. Un listado que encabezaba  Bowie casi como un socio fundador y su incansable deseo de tener éxito. 

 

Pero antes de abrazar el alero de Defries y llegar a la cima con Ziggy Stardust, alter ego de David Bowie que lo hizo teñirse el pelo, vestirse estrafalario, y conquistar una movida vanguardista, el inglés solo conocía derrotas en materias de mercado. Sus ideas apostaban al folk e incluso a la balada. Bowie (o David Robert Jones) buscaba éxito sin tener esencia. Sabía copiar, como queda claro en este documental de Alec Lindsell, pero en sus inicios no sabía que. 

 

Fue entonces cuando se encontró con la Veltet Underground, liderada por Lou Reed, banda que patrocinó el mismísimo Andy Warhol después de haberse posicionado como la máxima expresión del arte moderno norteamericano en los sesenta. Una movida vanguardista que se potenció con la estética iconográfica, la provocación y el plástico. Una línea visual que para los ojos de Bowie explota con la obra de teatro “Pork” (de Warhol) y que tuvo efectos fundamentales en lo auditivo para otros muchos en los setenta. 

 

Bowie se empapa de ellos y consigue su objetivo. Pero el documental cuenta que luego de utilizarlos, los desecha. Con Iggy pop, (líder de los Stooges) sucede algo parecido. El manejo de escena del inglés es a veces calcado al de Iggy Pop y si bien lo “ayuda” al llevarlo a Inglaterra para ser manejados por Defries cuando los excesos de heroína  lo tenían en el suelo su finalidad tiene más relación con la codicia que con el altruismo. El documental propone una interesada e instrumental cofradía que sirve al inglés para succionar lo que puede de Iggy Pop e incluso se sugiere que posterga el lanzamiento del disco los Stooges para no opacar la fama que  Bowie recién conseguía.

 

The sacred triangle no se desvela por los secretos de camarín, aunque cuenta con notables testimonios de primeras fuentes como el de Angel Bowie, pieza clave de esta historia, pero si da a entender como Bowie logra transformarse en una superestrella subrayando lo que a veces el marketing y la historia tergiversan: hasta entonces, el inglés no había inventado nada.

 

Véalo el domingo 18 a las 18 horas en el teatro Nescafé de las Artes.

Más info de la cartelera: www.ineditnescafe.cl     

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