
Es un lugar que ya conocemos, un lugar que nos gusta, que nos hace sentir bien. Un pueblo chico o un suburbio norteamericano, una pandilla de amigos de 12 años que buscan una salida a la monotonía y tratan de escapar del día a día inventando mundos lejanos, leyendo cómics de terror, armando réplicas de aviones. Un lugar donde la chica más linda de la cuadra te mira de reojo, buscando el instante en que te atrevas a saltar a la piscina; donde los padres están presentes pero no creen lo que dicen que han visto sus hijos, donde finalmente son los más chicos los que tienen claro que hay una verdad allá afuera, una realidad más grande que la vida. Y bueno, también está el gobierno, las fuerzas de autoridad, esforzándose por mantener oculto un misterio necesario tanto para sus intereses como para no revelar los abusos que han cometido por décadas. Suena conocido. Obvio. Ahí están Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, ET, Gremlins y The Goonies, películas dirigidas, escritas y producidas por Steven Spielberg entre 1977 y 1985, para muchos su edad de oro, donde el rey midas de Hollywood supo crear una mitología fílmica universal basada en el modo de vida de la clase media norteamericana. Recordemos que antes de Indiana Jones los héroes Spielgberianos por excelencia eran los niños; ahí está Barry, el pequeño raptado por los grises y Eliott el contactado de Los Angeles, ese que junto a sus amigos burló al FBI arriba de sus bicicletas BMX. Mismas bicicletas que aquí vuelven a aparecer.