Luis Buñuel: Nadie sale vivo de aquí
Estamos en un exclusivo barrio de Ciudad de México. Un grupo de asistentes a la ópera llegan a cenar a la mansión del matrimonio Nóbile mientras los sirvientes de la casa (salvo el mayordomo) se van escabullendo a la noche sin motivo aparente.
La noche se alarga y ninguno de los invitados se decide a marchar. De hecho, ni siquiera salen del salón. Terminan durmiendo en el suelo. Ignoran por qué, pero nadie consigue cruzar el umbral al exterior. Los días pasan y forman una comunidad de sobrevivientes que resisten con el agua de una cañería rota y la comida que pueden conseguir de los restos de la cena.

Buñuel había filmado películas tan crueles y refinadas como Ensayo de un Crimen y El mucho antes de El Angel Exterminador. Pero acá llegó a unos niveles de sarcasmo y desencanto sobre la humanidad que luego no volvió a tocar. Es un lugar común decir que el cine de Buñuel es “alucinante”, “hipnótico” y “surrealista”, adjetivos que suelen usarse como eufemismos para decir que no se entiende.
Pero el cine de Buñuel es directo y nítido como una fábula medieval de muerte y castigo. Lo que causa rechazo en algunos es la pureza de su rabia y su negativa a darle cuartel a cualquier sexo o clase social.
El Angel Exterminador es una comedia que termina inspirando ganas de llorar a gritos. También es una obra de arte filmada en dos o tres locaciones, con un grupo de actores a los que llegamos a conocer más (mucho más) que si les hubiéramos seguido por diez temporadas de Lost.

Los marxistas declararon en los ’60 que El Angel Exterminador era una metáfora sobre la caída inevitable de la burguesía ante el avance desbordado de las masas trabajadoras: los ricachones se devorarían entre ellos mientras afuera el progreso de la Revolución se haría inapelable. Otra lectura –bastante divertida- es que el guión de Buñuel y Luis Alcoriza era un relato en clave de la dictadura de Batista justo antes de que Cuba cayera en manos de los soldados de Castro.
Y una última interpretación, una favorita mía, es que se trata de una adaptación no oficial de Casa Tomada, el cuento de Cortázar que algunos siguen viendo como una alegoría de las dictaduras militares y que el propio escritor descifró alguna vez como un reflejo de su temor pequeñoburgués a la chusma peronista.
No es casual que la película haya tenido lecturas tan cercanas a la ideología y a la política de clases. Buñuel nunca ocultó sus simpatías ni sus contradicciones. Jamás negó que detestaba a la Iglesia con la misma pasión con que atesoraba los valores que aprendiera del catolicismo. Pero tampoco se dio el tiempo de secundar ninguna de las interpretaciones que circulaban e incluso –en una divertida entrevista de televisión- le paró el carro a un preguntón:
ENTREVISTADOR: Cuando usted hizo El Angel Exterminador e inventó esta situación surrealista de un grupo de gente que no puede irse de una fiesta...
BUÑUEL: Eso no tiene nada de surrealista. No sé cómo lo habrá vivido usted, pero yo soy español, burgués y católico. Y además tengo un montón de tías viejas. Toda mi vida he asistido a fiestas de las que nunca me puedo ir.
Que loco........habra que ver la pelicula......
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